martes, 10 de septiembre de 2013

Arrestado el editor de Portilla Publishing

     http://arrestfiles.org/publicinfo/oxel-portilla-0 Han arrestado al editor mafioso que me estafó publicando mis primeros libros. No conozco las causas pero este señor no me pagó las ventas de mis libros, utilizó una web de publicación gratuita para publicar mis libros pero me cobraba el isbn que él obtenía gratuitamente, me aseguró que mis libros se podrían vender en todo el mundo y al final resultó que solo podía venderlos en las librerías que yo mismo proveyera, rompimos el contrato pero siguió con mis libros en venta en Amazon, me aconsejó que le comprara a él directamente los libros en cierta ocasión porque me saldrían más baratos y no solo me salieron más caros sino que aún, después de muchos meses, estoy esperando el envío. Este personaje no tiene ambiente más adecuado a su forma de vida que el de la cárcel.
     Un poco proféticas resultaron estas palabras que le escribí cuando me di plena cuenta de su auténtica calidad como persona sin que obtuviera su respuesta:
     Escúchame no como uno de tus estafados sino como la voz de tu conciencia. Cuando te vayas de este mundo, no solo tendrás la sensación de haber venido para nada sino que además en tu corazón se abrirá la llaga de haber hecho daño a tus semejantes. Quédate con todo el dinero que me has sacado, pero es un precio muy alto el que va a pagar tu vida por esto.

En el blog de Virginia Oviedo

La escritora Virginia Oviedo ha dedicado una entrada en su exitoso blog a mi libro Un sentido en el vacío donde, junto a unas breves palabras sobre este libro de cuentos, puede leerse una biografía y algunas indicaciones sobre mi obra. La entrada incluye un poema mío. El blog de Virginia Oviedo, dedicado a ayudar a los artistas a promover su obra, tiene un reconocido prestigio y recibe abundantes visitas. Os invito a que hagáis una amplia visita a este blog de paso que leéis mi entrada: http://virginiaoviedo.blogspot.com.es/2013/09/un-sentido-en-el-vacio-de-luis-rafael.html.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Placa con un texto mío en el hotel doña Montse de Torrevieja

     Hace unos días que ha sido inaugurada una placa homenaje a un amigo del propietario del Hotel Doña Monse cuyo texto elaboré yo. El propietario, Vicente Lorente Ruíz, es mi primo. 
     Se trata de una historia muy emotiva que ocurrió durante la construcción de este hotel de cuatro estrellas de Torrevieja, en la urbanización Los Balcones. Mi primo, en esas fechas, inició amistad con un coronel que pasaba sus vacaciones de verano en las proximidades del solar donde se iba a construir el hotel. Para él, contemplar el paisaje natural de aquel lugar mientras charlaba con sus amigos era el placer por el que aguantaba la estresante vida de Madrid. Pero el gigantesco hotel le taparía las vistas a las salinas rosadas que se divisaban a lo lejos (tienen ese color tan bello porque el agua contiene óxido de hierro). Vicente se comprometió a construirle un chalet al otro lado del hotel para que continuara disfrutando de la vista de las salinas. El hotel tardó unos años en construirse y el coronel soñaba con pasar las tardes en la terraza de este acompañado de sus amigos y disfrutando de la vista del paisaje y del frescor de la brisa. Pero contrajo una enfermedad y, antes de que estuvieran terminadas las obras, murió. 

     Vicente sintió hondamente este desenlace y ha querido hacer un homenaje a su amigo. Allá por finales de mayo de este año, Vicente me contó esta historia mientras me llevaba en su coche al hotel y me mostró sus instalaciones incluyendo la terraza. Llevaba meses pensando en cómo homenajear a su amigo y, al conocer mis facultades como escritor, se había decidido por encomendarme a mí el texto para una placa grabada con láser que colocaría en una parte de la terraza que sería dedicada a la memoria del coronel. 

     
     Sus comentarios me inspiraron mucho aunque casi nunca tengo problemas con la inspiración y esa misma tarde elaboré un texto algo retórico porque el cansancio y las emociones de la expedición me tenían algo confuso. Vicente me dijo cuando lo leyó que le gustaba pero que, para comparar, le enviara otro y que quitara algunas referencias que no venían al caso. Releí el texto y di la razón a mi primo, tenía un estilo ampuloso y afectado. Entonces, reelaboré el escrito, lo hice un poco más breve pero con mucha más simplicidad estilística. Mi primo, cuando lo leyó, no pudo evitar emocionarse y todos los miembros de su oficina estuvieron de acuerdo en que era un texto a la altura de la ocasión. 
     Rebeca, una de sus secretarias, ha leído el texto y ha sido la encargada de enviarme todas las fotos de la inauguración, que al principio no llegaban porque el correo tenía demasiados bits y ha tenido que repartirlas en tres envíos. El texto es el siguiente:

TEXTO PARA LA PLACA HOMENAJE

   
     "Ningún hombre es más digno que los otros, todos ellos son frágiles criaturas que, aunque perecederas, alcanzan los atributos de la eternidad y la perfección cuando brota en sus almas la luz de la amistad o el amor. Los hombres no merecen la esclavitud, ni la humillación, ni el amargo yugo de la autoridad. Todos nacen para ser libres. Todos merecen que su espíritu ascienda hasta la felicidad que el destino graba en su instinto. Pero hubo, una vez, uno de ellos, llamado Manuel Ros Linares, cuyo corazón fue aposento de la humildad, la mansedumbre, el valor y la bondad, rasgos que dan un brillo de superioridad a un ser humano.
     "Soñó con contemplar un día, desde esta misma terraza, el lago rosado de las salinas y embelesar sus sentidos clavando, en la lejanía, su mirada asombrada, todavía deslumbrada por las luces de la infancia. Su sueño se fue con él, quizá, por qué no, allá donde el amor que inflamó su corazón humilde supo remontarse en sus días en la Tierra. Este espacio, que habita la altura, como apartándose de las tribulaciones del mundo, es ahora homenaje a aquel hombre, cuyo espíritu penetró en la belleza del mundo y, seducido por ella en estos lugares, vagó muy lejos, por las montañas distantes, por el mar infinito, por las salinas rosadas y sintió la seducción con que halaga a los hombres la felicidad del instante, de ese instante milagroso en el que somos inmortales. 
     
     "El coronel Ros Linares pertenece ahora al infinito y, por eso, como quizá añoraba cuando frecuentaba esta tierra, su alma se ha incorporado, para siempre, a la cautivadora inmensidad de estos paisajes."